Ciega. Ciega hasta no poder ya más. Fue bonito, mientras duró. Pero nunca entendí porque te empeñabas en mentirme,porque hacías lo blanco negro, porque yo y solo yo no era suficiente. Te dije adiós, y volviste, y volviste a decirme que me querías, junto a ti, yo contigo, tú sin mí ¿qué sentido tenía? Volvía a verte, y tus manos tocaban mi cuerpo, pintando círculos invisibles, repasando mis curvas, llevándote sin freno. Pero tus ojos no me miraban, y ahí supe que algo iba mal. No eras el mismo, eso decías, pero sabías bien lo que querías. Me tapé con una venda, gruesa, muy gruesa, hasta sangrar por esta indiferencia y las ganas de pedirte que te marcharas. Para siempre. Pero no puedo. Yo no puedo ser tan fuerte.
"-No sé lo que quiero.
-Pues aclárate, pero no juegues conmigo."
No voy a esperarte. Ni hoy, ni mañana, ni pasado, ni dentro de cien años aunque lo deseé con todas mis fuerzas. No más. Hasta aquí hemos llegado. He creído demasiado en ti. He confiado demasiado en ti. Creo que no te lo mereces, no has sabido valorarme. Ni tus palabras escuetas, signo de esta ceniza y esta flor marchita de lo que un día latió en nuestras venas.
"-Ok...
-Pero yo te quiero, te quiero más de lo que cualquier otra chica podrá llegar a quererte nunca."
Igual te quise mal. No lo sé. El amor es cosa de dos. Siempre de dos. No quiero quererte más, voy a olvidarte. ¿Amigos? Claro. Perdono pero no olvido. Adiós de nuevo, necesito tachar tu nombre de mi mente, aunque solo sea por un tiempo, y olvidarme de lo mucho que te quise un día, de lo pronto que creí olvidarte, de tus palabras, de tus mentiras, y de tus ganas de hacernos daño. No quiero escribir más sobre nuestro fracaso. Adiós. Esta vez es definitivo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario